Vivimos en una era de estrés crónico y sobreexposición mental. El yoga Iyengar, con su enfoque en la precisión y la permanencia en las posturas, ofrece un refugio no solo físico, sino emocional.
Desarrollo:
Conexión cuerpo-mente-emoción: Cómo las asanas actúan sobre el sistema nervioso parasimpático.
Posturas clave para el equilibrio emocional:
Balasana (postura del niño): Reconexión con la seguridad interior.
Viparita Karani (postura de las piernas en la pared): Descanso profundo y regulación emocional.
Sarvangasana (postura sobre los hombros): Inversión que cambia la perspectiva mental.
Testimonios breves: Alumnos que han gestionado ansiedad o duelo a través de la práctica sostenida.
La respiración como puente: Cómo el pranayama en Iyengar complementa el trabajo emocional.
Conclusión:
El yoga Iyengar no elimina las emociones difíciles, pero nos da un espacio seguro para sentirlas, observarlas y transformar su energía.